Libertad y Revolución:
una mirada desde la poesía
"El poema no significa pero engendra significaciones:
es el lenguaje en su forma más pura".
Octavio Paz
El concepto de Libertad, es un concepto bello, total, entero, extenso, embriagador, real, cercano, posible, sangrante, deseable, imaginario, lejano, tolerante, revelador, incómodo. Es potencia, es acto. Su cuerpo abarca todas las dimensiones que nos emparentan como especie. Nada queda fuera de sus huesos; ni la más pequeña reacción de miedo, de amor o de vergüenza. En él se funden los deseos múltiples de una realidad particular, concreta cuya mirada es diversa, esquiva y cuanto menos, compleja. Deja de ser si se lo avasalla o condiciona; muta en otro cuerpo, se dispersa o torna evanescente. Pierde su belleza y su aliento.
El concepto de Revolución, es un concepto bello, total, entero, extenso, embriagador, real, cercano, posible, sangrante, deseable, imaginario, lejano, tolerante, incómodo. Es potencia, es acto. Su cuerpo abarca todas las dimensiones que nos emparentan como especie. Nada queda fuera de sus huesos; ni la más pequeña reacción de miedo, de amor o de vergüenza. En él se funden los deseos múltiples de una realidad particular, concreta cuya mirada es diversa, esquiva y cuanto menos, compleja. Deja de ser si se lo avasalla o condiciona; muta en otro cuerpo, se dispersa o torna evanescente. Pierde su belleza y su aliento.
Ambos son luminosos y necesarios. Nada extraño debería resultar si lo que realmente se pretende es avanzar en nuestro pequeño laberinto individual, aún en aquél, que a todos nos congrega y nos iguala.
INTRODUCCION
Uno escribe un texto durante toda una vida y en realidad, sólo está escribiendo fragmentos de una idea que se encuentra en estado latente, embrionario, que surge ramificada de un conjunto de otras tantas ideas que a su vez se dispersan, anárquicas, se alborotan, se mezclan, se sudan, vivas, con luz propia alrededor de un pensamiento. Este pensamiento se dilata y se invade a si mismo, poderoso, resuelto y comienza el proceso de representar una imagen cuya acción podemos definir como un modo de mirar y de soñar todo aquello que suponemos que no está, que no existe o que no ha sido y que se encuentra detrás de aquella línea del horizonte, la que sellaron con la palabra imposible, hecha de clavos, de alambres y tenazas, allí, justo allí donde uno imagina que los tigres desayunan con los dioses.
Tal celebración dionisíaca nos desvela, nos deslumbra y nos hace palpar el tejido de una sensación tan similar a la de un aleteo en el estómago que termina siendo eso: un aleteo en el estómago; ahí tenemos un buen síntoma, robusto y tangible como para reconocernos, para desnudar nuestra entidad, para oírnos, para buscarnos, para sabernos algo más que números raquíticos en una fila en donde Catón azota para que nos amontemos desorientados en una estepa cuyo ciclo de lluvia nos ofrece vinagre en vez de agua.
El texto, porque de eso se trata esta convocatoria, porque aquí vamos a hablar de poesía, "vamos a tocar la poesía porque su presencia es mágica y trae la felicidad" al decir de Juan Gelman, lo vamos haciendo de a poco, lo vamos respirando, construyendo a como da lugar la vida, enriqueciéndolo a partir de ella, haciendo todo lo necesario, lo que esté a nuestro alcance para que macere, para que fermente, para que madure, aún a pesar nuestro.
Y como al texto me estoy refiriendo, digo que todo debe girar en alusión directa a su esencia, porque es en ese cuerpo vivo, en esa praxis dialéctica donde debe centrarse la valoración del poema, en los desafíos que nos presenta el lenguaje, en nuestra propia capacidad para sumergirnos en su universo, su valor y su sentido como merecimiento de una obra. Su libertad es su propia revolución, por tanto, los juicios y las opiniones deben ser referidas en atención estricta a la obra, a su lengua, al corpus elemental que la edifica, la sostiene y la avala.
LA TOZUDEZ DEL ALMA
Cierto es que las conquistas, los halagos y los favores no son un parámetro real para el juzgamiento, aún cuando la vida brille desde su más dinámica zona de referencias; aún cuando la tozudez del alma nos convide a sumarnos a la inevitable distancia que producen las marquesinas de la metrópolis. Por esa razón, nuestro esfuerzo debe ser capaz de un acto de austeridad visceral, supremo; una entrega reverencial y monástica. Debemos desatar toda nuestra atención sobre la obra como un elemento desencadenante, vital; como umbral y como morada. Esto no implica ni debe llevarnos a desconocer el contexto, el músculo que sostiene el paisaje histórico y la cintura cultural y social que contiene a una obra, pero es su luz, la que irradia el verbo en expansión desde su riqueza más elemental la que debe necesariamente remitirnos al trabajo llevado a cabo en la experimentación con el lenguaje. De hecho, nosotros somos el lenguaje, en tanto sujetos a partir del tránsito de su expresión, desde su columna en llamas, desde su orden primordial que nos convoca y nos sostiene a partir de la circulación permanente de sus códigos. Por lo tanto, su administración no corresponde distribuirla en planos de escaso vuelo o mediocre corazón que comprometan su libertad.
Un poeta, siempre estará ocupado y preocupado por aquello que se pueda hacer con las palabras: pelarlas, zarandearlas, amarlas, ponerles hojas de álamo plateado en el pecho, estrujarlas, esperarlas, preguntarles muy despacito en el oído, esparcirlas: ansiosos, parados o volando, sentarlas en la mesa, probar su saliva y hacerles cosquillas, mostrarlas a los amigos, liberarlas de las religiones y los uniformes, arrojar lejos el dogma que las viola, robarlas, tomarlas de rehén o por asalto (como hicimos con las del conquistador cuando los bárbaros las dejaron olvidadas en nuestra tierra); tal vez, creer simplemente en ellas mirando sus ojos dilatados y emprender el camino.
Escribir con fervor revolucionario pertenece a otra categoría, no a la materia que nos ocupa. Y esto no significa actuar por oposición; es todo lo contrario, no hay conflicto, no hay roce, ni siquiera tensión. El fervor poético es un modo de revolución cuando se piensa en las palabras, cuando se las habita; cuando se opera sobre ellas con todo el patrimonio de los ríos en el bolsillo, cuando se echa uno sobre su espalda o sobre su frente, sobre su magia, sobre la maravilla que son capaces de darnos cuando muerden.
Sólo si intentamos aprender los secretos de caminar la geografía del lenguaje, seremos capaces de imaginarnos un poco mejor de los que en realidad somos.
Borges, un hombre con el que se puede estar en desacuerdo en infinidad de temas salvo en uno: que es un enorme poeta, dijo: "Cada palabra, aunque esté cargada de siglos inicia una página en blanco y compromete el porvenir".
DESDE OTRA LENGUA
La poesía no es un mazo de palabras que son buriladas en el interior de una bolsa de seda en donde no penetra la realidad. El horror y la esperanza, las dudas y los tormentos son el material, la argamasa, la turba necesaria. Ciertamente que también le pertenece la arpillera. Es la experiencia exterior/interior la que determina los resultados del gran experimento que desarrollamos con el lenguaje. Tal vez, cuando uno escribe, pone en estado de máxima tensión los mecanismos internos que permiten que se manifiesten los sueños, los deseos y los miedos; estos salen a la superficie desde otra lengua, desde otra profundidad, con otra carne, otra música, desde otra visión.
Es probable que el arte poético entre sus muchas virtudes, tenga también la de rescatar y proteger la memoria de los pueblos. Quien sabe; tal vez su compañía, desde nuestras primeras épocas de nomadismo allá en el fondo de la historia se lo debamos a alguna huella genética; a algo que el hombre felizmente no puede sacarse de encima; quizá un modo interior de sostener otra mirada cuando la realidad nos abruma, nos agota o simplemente no nos place.
Enrique Molina, el gran poeta de la errancia dijo: "Yo pertenezco a la intemperie, reclamo el honor de mi especie". Y en ese caso, si tomamos como válida tan bella afirmación, deberemos asumir el carácter de testimonio vital hecho por el hombre para el hombre; como testigo y protagonista; como anunciador de ruindades y grandezas que nos pertenecen por igual, comprometido con su poesía, su lenguaje, su contenido y por extensión inexcusable, con su realidad.
Siempre será necesario reinventarnos, desde la costilla, el barro, las estrellas, o un libro sagrado, desde el mar, el cielo, desde una piedra, o desde la propia implosión del comienzo esencial, para creer y sostenernos desde nuestra capacidad creadora.
Aún así, nuestro celo debe tener por objeto exclusivo y permanente el texto, la obra.
SOÑAR Y DESEAR
Es preciso valorar en profundidad el hecho de que los sueños nunca se encuentran lejos de la realidad si uno intenta aprender, con mucha paciencia, a alimentarlos, a tenerlos cerca de uno, a acariciarlos, a mirarlos para no perderlos de vista, y a no comprar las recetas malintencionadas que pretenden seducirnos con vulgaridades de obtención inmediata. Soñar y desear el arte, en nuestro caso el poema, son conceptos que no gozan ni gozaron nunca de buena reputación. Ciertamente, si uno es capaz de levantar la vista un momento y salirse de las sombras, podrá observar que valen la pena, que su espesor es tangible y no sólo deseable. Gracias a este ejercicio natural que hemos desarrollado a lo largo de nuestra existencia, la humanidad ha evolucionado, ha crecido desde la nada y ha alcanzado el tiempo en el que nos encontramos; el tiempo que hoy poseemos.
El mundo ha sido construido bajo el aliento del sueño y por el camino del riesgo. La razón vino luego y prestó su concurso, temerosa ante tanto desatino de la creación.
Es por ello que adhiero sin dudar a los dichos que Rubén Darío entregara cuando se refirió a la revelación que producen las palabras: "... se hablaban entre sí, se respondían y acordaban en un arpegio armónico, trazaban extrañas asociaciones que contaminaban a los significados, pero sobre todo procuraban significar de una manera nueva, inédita, a espaldas de las codificaciones del diccionario".
En síntesis, se trata de construir un lenguaje propio con nuestro modesto ropaje. Hay que despojarse de todo lo conocido asumiendo nuestra nueva virginidad, y a partir de ese punto, sin ambigüedades, reactualizar el idioma, explorarlo hasta que cruja a fin de arrancarle sus infinitas potencialidades. Hace falta seriamente recuperar nuestra capacidad de imaginarnos, de desear y creer en los sueños por el arte porque eso nos posibilita sostener una mirada diferente sobre las cosas y saber que puede existir otro ángulo, otra perspectiva, y la certeza de que no somos prisioneros de una realidad única.
FABULAS Y ENGRANAJESCuando el hombre no conocí a el lenguaje, éste ya existía, sólo que aún no había sido convocado.
Al principio fueron los elementos quienes se hicieron cargo de la tarea de abonar el terreno para que el precario ser que devendría en amo de todo lo conocido pudiese avanzar a hurtadillas por el laberinto de su propia oscuridad. El viento se manifestó, la lluvia hizo lo suyo, el trueno lo propio al igual que el mar y los ríos; el fuego y la tierra también dejaron su impronta. El hombre no podía vérselas con su futuro sin descifrar los códigos y las imágenes que se le sugerían y que estallaban en el omoplato de su propio desconocimiento; no estaba preparado para el lenguaje y éste no iba a prestar su consentimiento a un novel trashumante de escasas posibilidades. Aún así, mordiendo los costados del símbolo, desgarrando de terror su pequeña humanidad ante la ausencia de respuestas, alcanzó en la puerta de salida de su primer túnel parte de la llave que lo llevaría a destrabar su lengua, a destrabar su mente acercando algo de magia a su soledad, la que de esa manera comenzaba su lento viaje hacia la extinción.
NACIMIENTOS IICuando Dios tuvo la peregrina idea de crear el mundo a fin de mitigar su soledad, pensó que sólo la poesía tendría entidad suficiente para que el hombre pueda nombrar lo hecho, y a la vez, se deslumbre con el hechizo que producen las palabras. De esa manera, el creador se aseguraba dos instancias decisivas: que el nuevo ser pudiese desarrollar un lenguaje y a la vez, aprendiera a amar aquello que se representaba por medio del símbolo, y que aún pertenecía al imperio de lo innominado. Cuando los astros se encuentran dispuestos, la revelación emerge, se hace presente y el hombre se encuentra cara a cara con el hechizo, en el borde exacto de un abismo y con la conciencia que le asoma tímida desde algún lugar de su estómago. Razón de más para pensar que Dios estuvo inspirado, y como en todo gran poema, su creación del mundo responde al hecho que se sintió físicamente tocado por la magia de la palabra.
NACIMIENTOS IIICuando bajamos de los árboles y le robamos la caverna al tigre hallamos la posibilidad de resolver algunas cuestiones que echaron luz sobre la noche de nuestra mente y de nuestro corazón. Descubrimos el fuego y resolvimos tres problemas: a) acabamos con la oscuridad y el frío; b) cocinamos al tigre que ya habíamos matado; c) comenzamos a soñar tranquilos y nos acercamos al arte. Ahora bien, si nos detenemos a pensar que la poesía es como un compañero que nos acompaña desde que logramos erguirnos sobre nuestras dos piernas en el mundo, y que a partir de su cercanía nos ha permitido entrever (sólo a veces, por cierto) los pliegues ocultos del miedo y la soledad, los misterios del amor y del dolor, y todas las preguntas que nos azotan, podríamos suponer que un manojo de ellas (de las buenas, de las mejores) sería algo así como un puñado de sabiduría que sólo nuestra inconmovible ignorancia se niega a reconocer. Tal vez seamos incapaces para asumir la revelación de algún estado de cosas cuando ésta se encuentra frente a nuestra nariz; tal vez, la magia nos anule alguna que otra facultad antes de asombrarnos; tal vez, simplemente debamos seguir caminando en nuestra búsqueda hasta hallar la posibilidad de recuperar nuestro asombro frente a la lluvia, o el viento, y de esa manera, no argumentar tanto para encontrar la pieza que nos justifique.
NACIMIENTOS IVCuando tomemos la decisión de asumir plenamente el derecho que disponemos para ejercer la libertad total de nuestra palabra, es probable que ese sea el momento de pensar como seguir en la ruta una vez que hayamos terminado de barrer del piso la abrumadora cantidad de prejuicios, mitos, costumbres, preconceptos, creencias, valores arbitrarios y normas absurdas. Cuando todo ese sostén artificial que sujeta a la sociedad se vea transformado, no ya desde una visión abstracta, límbica o fronteriza, sino concreta a partir de una estética cuyo concepto esencial sea la libertad, seremos capaces de reparar y modificar las grietas amohozadas de un edificio que ya no presta ninguna utilidad. No es descabellado pensar que si asumimos el arte como una manifestación vital del hombre, elemental, profunda y solidaria, la poesía alcance fuerzas para expandir su energía como un medio de liberar nuestro espíritu. No en vano, como género sigue estando al margen de todas las disposiciones establecidas en el sistema de reparto de beneficios que se otorgan al arte en general. Ella es una hija marginada del arte y como excluida de la tribu, sigue tronando su voz y lo seguirá haciendo con aquéllos que desarrollen la idea de explorar todas las posibilidades del lenguaje; y con los que no, también.
NACIMIENTOS VCuando se nos da por hacer la guerra, participar en revoluciones, cuando el dolor de la bomba, el hedor de la trinchera, la cruz que bendice el odio, la tortura como método, la mentira como ideario en la asonada castrense, cuando las guerrillas urbanas o rurales, el foquismo, la seguridad nacional como doctrina, las balas perdidas que matan sin preguntar, los grandes escritorios con sus asesores, o cuando la simple voluntad de creer y actuar más allá de los riesgos, la poesía siempre está allí para reflejar nuestro estado de ánimo; el del individuo en su contexto y el de su sociedad. No en vano, es el primer género literario que tuvimos a mano desde que nos echamos a rodar por el mundo mucho antes que se nos ocurriera el genial invento del sedentarismo; desde nuestro más antiguo ser nómade nos acompaña, nos abriga, nos abraza, nos contiene; desde el primer canto tribal que fuimos capaces de darnos ella se encuentra junto a nosotros. Esa es una razón vigorosa que nos permite observar ruindades y grandezas en toda la extensión de nuestra agujereada alma colectiva, a modo de un espejo fatal que nos involucra y nos impide distraer nuestra atención sobre las conductas que somos capaces de asumir, y por sobre todo, de las acciones que somos capaces de llevar a cabo.
EPILOGO
Para el final de esta primera parte del presente trabajo quisiera compartir con ustedes un fragmento del gran poeta Rodolfo Alonso, que a mi juicio, ilumina bastante con su habitual precisión este espinoso tema que nos ocupa hoy. El texto es el siguiente:
"...enunciar la palabra necesaria, imprescindible y única, la palabra, a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo, y también a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse sabiamente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo de la vida y de lo humano".