Juan Benigar - Creencias Araucanas
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CREENCIAS ARAUCANAS

Por Juan Benigar. Ver autobiografía

El araucano no desconoce del todo una divinidad suprema o por lo menos elevadísimo, que supone creadora del mundo de su concepción, bastante infantil y del hombre con todas sus virtudes y flaquezas. Es ésta, en el occidente (Chile) azul y negra o azul y blanca y, entre los pampeanos propios argentinos, blanca y alazana. Así, doble ya, es además cuaternaria, como lo son todos los dioses grandes y pequeños; de modo que al fin resultaría octonaria, aunque es inútil, en busca (le luces, insistir acerca del asunto en el indio. No nos aclarará el secreto, cuya llave creo que no guarda y todo - acerca de la esencia de aquella. magna divinidad- debe deducirse de sus rogativas. En éstas, la invoca en el primer lugar como el cuaternario, rey de arriba o del cielo.

Todo cuaternario divino es doblemente macho y doblemente hembra: el viejo o padre; la vieja o madre; el joven o hijo; y la joven o hija. Las "llamadas" suelen también abreviarse, restringiéndose al viejo y la vieja.

Pudiera suponerse que la divinidad suprema no sea más que un remedo del dios cristiano convertido de trino en cuaternario, quizá -por la añadidura de la virgen, la madre del Salvador. Algún apoyo encontraría esta interpretación en el hecho de que aquella divinidad, a menudo, suele invocarse con el título de rey, artificialmente en riy. Sin embargo -creo que esto significaría, extremar artificialmente las cosas, -Porque si el título es, sin duda, incierto cristiano, no pasa de ser sin simple accidente, como hay otros más en su complicado ceremonial. Después el binario y el cuaternario, son creaciones, netamente americanas o quizá-, pacíficas y, como tales, entran en el - patrimonio de la mayoría de, los Pueblos americanos. De ahí y no de otra cosa, lo sagrado del número cuatro v del número dos, que, en menor intensidad, se extiende o. todos los números pares, considerados de buen agüero y de favorable influencia, en oposición a los fatídicos impares. Ya que en esto estamos, añadiré que entre los números mayores, participan de particular estima la docena y las cuatro docenas. Concepciones aparentemente opuestas a las judías, ternario, septenarias, que aceptara la cristiandad esclava judía.

Volviendo a retomar el hilo, diré que la idea del Hacedor del mundo, se trasluce con toda claridad en el Pachacamac quichua, sin duda antecolombiano, lo que es muy significativo dado el estrecho parentesco de ambos cuerpos de creencias. Para mayor abundancia señalaré que aquella idea encuadra a perfección en la concepción araucana de los mundos sutiles que estarían constituidos del mismo modo, como lo está este mundo tangible. Hay allá, entre las divinidades simples, mocetones, capitanejos, capitanes, cabecillas y, así adelante, señores de rango cada vez superior.

 

 

No he podido establecer a ciencia cierta si el supremo dios maligno está relacionado con el octonario en sus faces negra y alazana, respectivamente. Es probable, porque con tal identificación, quedaría resuelto el acertijo del doble cuaternario, pero sin pruebas directas no puedo afirmarlo. Pudiera dar esto, otra vez, lugar a conjeturas cristianizantes. relacionadas con el infierno. Las rechazo indicando lo que Falkner aprendiera de los patagones, apenas si tocados por el olor del cristianismo.

Es la divinidad maligna, dueña suprema de los dioses malos y de los brujos. Estos últimos, en noches de niebla, concurren a reunirse en cuevas de su reino subterráneo, con el fin de sus funestas diversiones y conciliábulos. Ahí juegan, entre ellos, las almas de sus deudos, quedando con la pérdida, sellada la muerte de éstos.

Hay sin embargo, en muchos individuos, innegables influencias cristianas,

Así un indio viejo de Mulchén, en Chile, porfiábame en una rogativa, que hay un solo dios, porque así lo enseñan "los padres", esto es, los religiosos. Cuando le reprendiera que despreciaba a los dioses de sus mayores, confundióse y concedió que sí, que hay muchos dioses, pero un solo dios principal. Así se encontrarán otras contradicciones, como las de una joven que me afirmara primeramente que hay un solo dios, para contradecirse luego diciendo que los indios tienen su dios, aparte del dios de los cristianos. Ya mayor, por fin, invocaba en sus rogativas, a la acostumbrada más o menos larga lista de divinidades.

Alimentándose oportunamente la divinidad con cuatro docenas de granos de granizo - vaya a interpretar uno la idea cubierta con el velo de esta figura – recorre recorre velozmente las cuatro partes del mundo, melig mayew mapu, como dicen, que responden punto por punto al Tahuanti suyu quichua.

Sin su permiso, los brujos, ayudados por las ínfimas divinidades malignas, no pueden causarnos daño. Sin su permiso no podemos mover ni siquiera el dedo meñique, como lo dicen con palpable y envidiable precisión.

El dios supremo está rodeado por una corte de divinidades menores, que son obedientes mandaderos y usa como instrumentos dóciles un sinnúmero de divinidades de orden ínfimo, en su gran parte detestabas, que serían inferiores al mismo hombre si no fuese por sus poderes de difícil contrarrestación. Los dioses araucanos de rangos medios están reflejados admirablemente en el esbozo del gran templo cuzqueño que nos dejara Yamqui Pachacutˇ, respondiendo a indicaciones superiores encaminadas a salvaguardar la antigua riqueza espiritual americana, para el bien de las generaciones futuras.

Después de la divinidad suprema, y sólo después de ella, el araucano invoca el cuaternario solar. Responde esto al lugar secundario que en la plancha del Yamqui Pachacuti ocupa el sol. Con ser así, no basta aquel documento de primera mano para anular la, fábula del culto solar, que ve en el sol la divinidad principal de muchos pueblos y particularmente, de los americanos. Con palabras untuosas de falsa piedad frente a nuestro astro dominante, ponderan los fraguadores y pulidores de aquella fábula el sabio acierto del indio en la adoración de quien da toda la vida a nuestra tierra. Cual si su artificial especulación materialista pudiera reemplazar la fe sencilla y sin cera, por ingenua que ella sea, en el espíritu solar. ˇAh! ˇCómo hastían y aburren esos héroes de escritorios lujosos!

Dicen los indios que el sol es un simple mandadero del dios supremo. No están siquiera concordes en considerarlo 'benigno. Más bien lo temen porque dicen que dios lo usa para castigar al hombre haciéndolo acercarse a la tierra para provocar con su calor enormes daños. También dicen que "se hartó de comer crudo" - entendiendo a hombres que aniquilara- cuando en los amaneceres cargados de brumas, sale todavía teñido con la sangre de sus víctimas. El respeto y el temor van a veces más lejos, hasta desaconsejar el pronunciamiento de su nombre. Para corroborar sus aprensiones al respecto, informáronme algunos indios pampas que los tehuelches evitan en lo posible indicarlo con éste, llamándolo más bien "el corazón bueno". De paso menciono que, según Herodoto, los antiguos libios de tierra adentro, echaban maldiciones al sol desde que salía. También llamo la atención sobre el hecho de que en algunas interpretaciones orientales el sol es considerado como el corazón de la entidad a que pertenece nuestra tierra.

La fábula de un culto aborigen basado en la adoración del sol, que por su parte responde a hechos innegables -, adquirió cuerpo con la coincidencia de algunas fiestas indígenas con los puntos marcantes en las posiciones relativas de la tierra y de nuestro astro diurno.

 

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